Nuestra civilización occidental asimiló la sabiduría de los clásicos romanos. Ésta es consecuencia de la experiencia. Se basaban en la práctica. Eran hombres diestros, pragmáticos. A través de sus escritos nos transmitieron esos conocimientos. Los políticos ampostinos no encontrarían ninguna aplicación a estas palabras y aún menos para la urbanización Eucaliptus.
Los vecinos de Eucaliptus estamos en lucha continua en muchos frentes. Los promotores y financieros provocaron esta guerra. Algunas veces obtuvimos victorias pírricas y otras no avanzábamos a causa de los gobernantes. Aquellos empezaron a expoliar los bolsillos de los vecinos de Eucaliptus: vendieron dos y tres veces una misma propiedad, hipotecaron apartamentos y parcelas que se demostraron calles... Intentaron cobrarnos una cuota anual.
Siguió el ayuntamiento: puso impuestos de lugar residencial, pero sin los mínimos servicios. No exigieron los mínimos legales... Las casas se construían sin licencia de obras. Se construían fosas sépticas, porque la red de canalización no funcionaba o era deficiente... Los gobernantes ampostinos no controlaban al promotor. Rechazaron todas nuestras propuestas y se abstuvieron de solucionar el problema de Eucaliptus.
La primera asociación de vecinos en Eucaliptus trató de arreglar algunas cosas que se abandonaban: la purificadora de agua potable, la red de canalización y el alquitranado de la calle Eucaliptus. Esto costó tres millones de pesetas que pagaron algunos vecinos sin ayuda de nadie y de forma voluntaria. En años sucesivos la asociación recaudó y gastó poco menos de dos millones de pesetas más. La lucha permitió desalojar a los promotores.
Durante diez años los vecinos fueron expoliados coercitivamente por la Comunidad de Propietarios Eucaliptus I. Fueron apoyados por miembros del ayuntamiento: el alcalde, el jefe administrativo y otros. Contra esta nueva guerra se recurrió al Defensor del Pueblo y a Hacienda a través de una nueva asociación. Conseguimos desalojarlos.
La penúltima batalla es la que venimos dando en este nuevo proyecto de urbanización de 2009-10. De momento hemos conseguido una pequeña victoria de un millón doscientos cincuenta mil euros. Esperamos alcanzar una reducción más substantiva. Si los gobernantes ampostinos no pensasen tanto en el oro y las riquezas que pueden adquirir en Eucaliptus probablemente finalizaríamos con la guerra. Deberían mostrarse más solidarios con los vecinos. Dicho de otra manera: este proyecto de urbanización terminaría con una incorporación de Eucaliptus al “tejido urbano” de Amposta, con lo cual alcanzaríamos la paz. JD
Los vecinos de Eucaliptus estamos en lucha continua en muchos frentes. Los promotores y financieros provocaron esta guerra. Algunas veces obtuvimos victorias pírricas y otras no avanzábamos a causa de los gobernantes. Aquellos empezaron a expoliar los bolsillos de los vecinos de Eucaliptus: vendieron dos y tres veces una misma propiedad, hipotecaron apartamentos y parcelas que se demostraron calles... Intentaron cobrarnos una cuota anual.
Siguió el ayuntamiento: puso impuestos de lugar residencial, pero sin los mínimos servicios. No exigieron los mínimos legales... Las casas se construían sin licencia de obras. Se construían fosas sépticas, porque la red de canalización no funcionaba o era deficiente... Los gobernantes ampostinos no controlaban al promotor. Rechazaron todas nuestras propuestas y se abstuvieron de solucionar el problema de Eucaliptus.
La primera asociación de vecinos en Eucaliptus trató de arreglar algunas cosas que se abandonaban: la purificadora de agua potable, la red de canalización y el alquitranado de la calle Eucaliptus. Esto costó tres millones de pesetas que pagaron algunos vecinos sin ayuda de nadie y de forma voluntaria. En años sucesivos la asociación recaudó y gastó poco menos de dos millones de pesetas más. La lucha permitió desalojar a los promotores.
Durante diez años los vecinos fueron expoliados coercitivamente por la Comunidad de Propietarios Eucaliptus I. Fueron apoyados por miembros del ayuntamiento: el alcalde, el jefe administrativo y otros. Contra esta nueva guerra se recurrió al Defensor del Pueblo y a Hacienda a través de una nueva asociación. Conseguimos desalojarlos.
La penúltima batalla es la que venimos dando en este nuevo proyecto de urbanización de 2009-10. De momento hemos conseguido una pequeña victoria de un millón doscientos cincuenta mil euros. Esperamos alcanzar una reducción más substantiva. Si los gobernantes ampostinos no pensasen tanto en el oro y las riquezas que pueden adquirir en Eucaliptus probablemente finalizaríamos con la guerra. Deberían mostrarse más solidarios con los vecinos. Dicho de otra manera: este proyecto de urbanización terminaría con una incorporación de Eucaliptus al “tejido urbano” de Amposta, con lo cual alcanzaríamos la paz. JD
