jueves, 29 de julio de 2010

Manos que no dais, ¿qué esperáis?

El ayuntamiento no nos ha dado nada desde hace más de treinta y cinco años. No está acostumbrado a darnos nada. ¿Qué puede esperar de nosotros? Nada. Sólo por coacción estamos acostumbrados a pagar los impuestos pacientemente; no nos quejamos de tener que pagar el IBI más elevado de Amposta.
Cuando solicitamos algo como el cambio de lugar de la “estación de autobuses”, no hacen nada o lo que han prometido hacer no lo cumplen. Pagamos las basuras puntualmente, pero los servicios no son precisamente los mejores. Pagamos los servicios de agua, pero cada tres días revienta la tubería y nos quedamos un par, sino más, horas sin ella. Pagamos la evacuación de aguas residuales, pero aquéllas no son evacuadas, ni depuradas; en verano, de vez en cuando viene la “succionadora” y se lleva unos miles de litros de aguas sucias.
¿Qué esperan los gobernantes de Amposta obtener de nosotros? ¿Que les votemos? ¿Que les demos las gracias? ¿Que nos inclinemos ante ellos con sumisión?
Cada vez que necesitamos algo, lo solicitamos. ¿Nos dan lo pedido? O lo deniegan o dicen sí para acallarnos y luego se olvidan o simplemente omiten (silencio administrativo negativo). ¿Esperan de nosotros que les rasquemos las espaldas o quizá que le hagamos un abrigo de su chaqueta? Sólo esperan que paguemos, paguemos y paguemos. Pero esto ya lo hacemos coactivamente. No es nada nuevo.

viernes, 2 de julio de 2010

La verdad triunfa por si misma, la mentira necesita de la complicidad

Esta frase de Epicteto me lleva a varios pensamientos referidos a los gobernantes ampostinos y la necesidad que han tenido de buscar cómplices para llevar a cabo este proyecto de urbanización 2009-2010. El concejal de obras públicas no iba con la verdad por delante, como tampoco el alcalde, ni otros implicados como el ingeniero que ha diseñado el proyecto.
Los cómplices no esperaban que les saliera tan caro. Probablemente no calcularon los costes o esperaban con engaño aliviar estos costes con comisiones que podrían sacar de determinados préstamos.
El Sr. alcalde no era tan ambicioso como el concejal de obras públicas, porque en cierta ocasión me dijo que los costes del proyecto podrían ser de 4,5 millones de euros en lugar de los que pretendía el concejal de obras (6 millones de euros ). Ambos buscaron la complicidad de la asociación Voramar y ésta la de los nuevos propietarios que no habían estado en los años noventa. El engaño necesita también de la complicidad.
No quiero pensar en los motivos que el concejal de obras tuvo para designar a dedo al ingeniero del proyecto. Mucho me temo que sea también una complicidad.
Voramar ha tenido necesidad de buscar la complicidad de una compañía inmobiliaria. Esta ha escrito incluso una carta para hacer una comunicación a los socios. Una auténtica asociación de vecinos no necesita una agencia inmobiliaria para triunfar, sino que lucha con la verdad.